miércoles, 24 de junio de 2015

5 Factores psicológicos que afectan a la usabilidad


Cuando una persona, una empresa o una marca decide poner en marcha una página Web, o cualquier fabricante un producto electrónico, no para de oír hablar de la usabilidad.

Definimos usabilidad desde la perspectiva de  ISO/IEC 9241:

"Usabilidad es la eficacia, eficiencia y satisfacción con la que un producto permite alcanzar objetivos específicos a usuarios específicos en un contexto de uso específico"

Hay abundante literatura técnica sobre los aspectos técnicos pero me voy a referir específicamente a los factores psicológicos de la usabilidad.

   1.    La atención:


      Nuestra atención se fija en la web apenas cinco segundos. Cinco. Si usted no logra captar al usuario ya estará en otra web.

Debe tener en cuenta que leemos en F. Si en ese recorrido visual no encontramos nada interesante no seguiremos profundizando. Si algo está preparado para que el usuario se enganche debe estar en esa F.

Les invito a visitar este blog para comprobar las imágenes de eye tracking:
Esta:





 2.  Los atajos cognitivos:

     Como ocurre en muchos aspectos del procesamiento de información, decidimos “de un vistazo”. Utilizamos los heurísticos, atajos cognitivos para decidir rápido. Tenemos a nuestra disposición mucha información y poco tiempo. Así que la apariencia de la Web es fundamental.
Debe ajustarse al público que queremos que la visite.


3.  Emociones:

     Si la navegación nos produce sentimientos positivos seguiremos en la Web. Para ello su diseño tiene que ser amable y permitirnos hacer lo que queremos hacer con facilidad. Si además hay una experiencia agradable en la tarea en sí misma, nos hace pasar el tiempo sin darnos cuenta llegaremos a la experiencia de flujo.
 

4   Las expectativas:

   En primer lugar de expectativas de autoeficacia. Si el usuario tiene bajas expectativas sobre su capacidad de afrontar la tarea de navegar por la web (y nosotros no le ayudamos a que las mejore con un diseño limpio) se sentirá abrumado y huirá. Si por el contrario, el usuario es un experto (nuestro público potencial lo es) el uso debe ser demasiado fácil (para que no se aburra).

El otro factor es las expectivas de resultados. He llegado aquí, a esta web para conseguir algo. Habitualmente esa causa está en las keywords de su búsqueda. Si las elegimos mal, defraudaremos sus expectativas y se marchará.


5 El estado de ánimo

    En algunos casos podemos preverlo. Si busca un lugar de vacaciones o un spa, debemos relajar con la sola visión de la web. Satisfacer necesidades y transmitir emociones positivas siempre ayudará. Y sobre todo, ante un estado de ánimo ansioso, muy habitual en las búsquedas, claridad, poco texto y facilidad para encontrarlo todo. Que todo fluya suave y fácilmente.

miércoles, 27 de mayo de 2015

La norma social subjetiva: "¿Qué esperan de nosotros?"

COMPRAMOS LO QUE “ESPERAN DE NOSOTROS”

Seguro que les ha pasado más de una vez. Que llegan a casa con su paquete recién comprado y reciben la aprobación de los que le rodean y se sienten bien. Para al día siguiente abandonar la compra en el cajón de las cosas que alguna vez compraron y no saben porqué.

En ocasiones esas compras son simplemente un impulso y su recompensa está en el propio acto de satisfacer de manera inmediata el impulso. Además, esa sensación de bienestar es muy fuerte, mucho más que la de displacer de abandonar la compra en el baúl o el desván. Así que volveremos a hacerlo.
Pero hay una recompensa todavía más fuerte:
Conseguir la aprobación de las personas que nos importan.

En el post anterior analicé este fenómeno en los grupos de aspiración  (aquellos a los que nos gustaría pertenecer). Compramos los signos que nos identifican como miembros de esos grupos o hacemos lo que consideramos que se espera de nosotros si pertenecemos a ese grupo. Interiorizamos sus normas de ese grupo y las cumplimos para demostrar nuestra pertenencia a los demás y a nosotros mismos.

Pero en el caso de los grupos primarios (la familia, los amigos), con los que tenemos mucho contacto directo y las relaciones afectivas están presentes hay más factores. Existe menos crítica y más libertad y confianza pero también más deseos de complacer.

La norma social subjetiva se basa en dos factores: 
-Lo que pensamos que las personas del grupo quieren que hagamos y por tanto las consecuencias en nuestra relación con ellas de nuestros actos)
-La importancia que tienen para nosotros esas personas.




Evidentemente no es lo mismo lo que piensa nuestro vecino que lo que piensa nuestra parejas o nuestros hijos. El tema de la influencia de los niños en el consumo da en sí mismo para un artículo, pero en este caso lo mostramos sólo desde el punto de vista de la norma social subjetiva.

¿Qué esperan que hagamos? Esa es un pregunta recurrente. Llegamos a una conclusión que puede ser la misma que nosotros teníamos o no. Y aquí llega la presión social, implícita o explícita. Puede haber “instrucciones” o simplemente pensamos que las personas que nos importan quieren algo. E intentamos satisfacerlo.

Los profesionales del marketing lo saben y utilizan como espoleta a las personas que no deciden o realizan el acto físico de la compra pero que son decisores o influyen en el decisor.

Los modelos de familia son diversos y las decisiones se toman en cada una de ellas de una manera. Pueden decidir por consenso o decidir una de las personas de la familia, pero en todo caso forma parte del grupo y hay una presión grupal hacia una decisión.

Y la tenemos en cuenta. Cuanto más importante es la persona  para nosotros (la pareja, los hijos, los mejores amigos) más presente está en las decisiones. Así que valoramos qué pensarán de esa compra, qué consecuencias tendrá.

A veces nos arriesgamos al enfado familiar. Otras hacemos lo imposible por complacerlos, incluso contra toda lógica económica.

Pero lo cierto es que la mayoría de las veces adquirimos aquello que pensamos que complacerá a las personas importantes para nosotros. Compramos “lo que consideramos, erróneamente o no, que esperan de nosotros.”




viernes, 8 de mayo de 2015

El consumo de lujo y los líderes de opinión

EL CONSUMO DE LUJO Y LOS LÍDERES DE OPINIÓN

@julio Trujillo compartió esta información sobre el marketing de productos de lujo en China en su cuenta de twitter y enseguida pensé en las características del consumo conspicuo de productos de lujo.

Digamos que en este consumo influyen varios factores psicológicos.
Habitualmente el primero es la influencia grupal. Los consumidores de productos lujosos forman parte o les gustaría formar parte (grupo de aspiración) de un grupo que consideran selecto de la sociedad. Y afortunado.

La influencia del grupo de referencia es muy alta, la más alta de hecho, en el comportamiento de compra de productos de lujo de consumo público. En este caso se elige la marca y el producto en función de la norma social subjetiva (que considera el comprador que ese grupo piensa de la adquisición), de lo que los modelos ideales de comportamiento que ofrece el grupo hacen (imita sus compras) y de la información que recibe del grupo.

Es algo menor en el consumo privado de bienes de lujo. Una cama o una lámpara de dormitorio será lujosa, pero la marca no es tan importante como en el coche o en el reloj o el vestido.

Debemos de tener en cuenta que tenemos un autoconcepto (valoración y percepción de nosotros mismos) que luego se mira un espejo social:  la identidad.
En este caso la imagen que nuestro grupo de pertenencia (o de aspiración) nos devuelve puede ser muy distinta y eso no nos gusta.

Así que analizamos profundamente lo que “se espera” que hagamos. En muchas cuestiones pero también en las compras. Qué debemos vestir, comer, dónde alojarnos, qué coche tener…


Es decir interiorizamos las normas del grupo de pertenencia y sobre todo las del grupo al que aspiramos pertenecer. Queremos formar parte de ese club y buscamos modelos, la quintaesencia del club, para ser lo más parecidos posibles.

Los líderes de opinión representan de forma simbólica los valores de ese grupo. Es lo que necesitamos como guía.
Si lo que una persona que aspira a ser recibe  toneladas de información, entonces no sabe decidirse. ¿Es o no es adecuado a lo que el grupo al que quiero pertenecer espera de mí?
Pero si una actriz famosa, un rico heredero o una empresaria o deportista  de éxito visten X o conducen Z, entonces ya sé lo que tengo que hacer. Y lo hago.

El interesante trabajo que compartió Julio no hace más que confirmar lo que la teoría de la influencia social dice.


Sobre los influencers, esa palabra tan en boga, ya hablamos en su día. Desde la teoría clásica, que tiene sesenta años. Otro día les contamos y dejamos en evidencia a los que rebautizan conceptos para contarnos cosas ya sabidas y que el copypaste sea de lujo.

viernes, 24 de abril de 2015

Los incentivos como mecanismo de marketing

Los incentivos como mecanismo de marketing

Hablamos en el post de motivación de compra del consumidor de los incentivos.

Los incentivos son “Objetos o acontecimientos –general externos al sujeto- que se producen a consecuencia de una conducta y activan o inhiben esa conducta” [1]
Otros autores, como Bandura, consideran que hay autoincentivos, es decir aquellos cambios fisiológicos y psicológicos que cuando ocurren en el sujeto inhiben o activan la conducta.
Se trata de reacciones emocionales de las que los profesionales del marketing tienen conocimiento y utilizan para provocar el comportamiento de compra. De hecho el bienestar psicológico es uno de las espoletas que activa la compra.

El consumidor se basa en expectativas, es decir imagina qué va a ocurrir, qué consecuencias tendrá su acto de compra. Si las imagina positivas compra, si son negativos inhibe el comportamiento.

Hay diversas clasificaciones de los incentivos y les ofrecemos las más conocidad, para que puedan manejarlas.
Hay en primer lugar incentivos innatos (primarios), que suelen estar relacionados con las necesidades fisiológicas y no son aprendidos: “los llevamos de serie” se podría decir. Que tras beber dejaremos de tener sed no se aprende.

Y los hay que necesitan de aprendizaje previo (incentivos secundarios) . Aquí es importante la labor del marketing, que puede utiliza los mecanismos mentales del aprendizaje para crear una expectativa de consecuencia mediante aprendizaje condicionado, vicario o instrumental.

Según la naturaleza de la consecuencia se pueden clasificar en vinculados a necesidades fisiológicas, vinculados a la actividad que nos permite, sociales, monetarios y de estatus y poder.




-Los incentivos fisiológicos se explican por sí solos y se basan en las necesidades primarias del individuo, en que las conductas las satisfagan.

-Los incentivos de actividad se refieren a que la consecuencia de una conducta que no deseamos o es neutra es poder realizar una actividad que queremos hacer.  El conseguir con una oferta algún producto o servicio deseado a cambio de comprar algo que no representa un incentivo importante para nosotros es un ejemplo.

-Incentivos Sociales. Se basan en el juicio social de nuestra conducta. La familia, el grupo al que pertenecemos o el de aspiración consideran acertadas o adecuadas determinadas compras y desafortunadas otras. Influir en los que normalizan esas compras es influir en los incentivos sociales del resto de los consumidores que aspiran o ya forman parten de ese grupo.

-Incentivos de estatus o poder se centran en que la actividad ofrece esa recompensa. Las compra de productos Premium, el consumo conspicuo, es un claro ejemplo.

También hay incentivos para realizar una conducta (que podríamos definir como premios) y para inhibirla (castigos). El hacer esperar eternamente a los clientes que abrasan al departamento postventa sin ser rentables es un ejemplo muy repetido en determinadas actividades.

Y finalmente los incentivos pueden ser directos, puesto que afectan al sujeto en su consecuencia o vicarios, observados en el comportamiento de otros. Aquí las redes sociales son fundamentales para utilizar los fans en beneficio de la empresa, al igual que los influencers y los personajes famosos que usan o anuncian un producto o servicio.







[1] Villamarín, F. y Limonero, J. Motivación en Limonero, J. y Casacuberta, D. (Coor.) (2007) Cognición y emoción. Barcelona: FUOC