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viernes, 24 de abril de 2015

Los incentivos como mecanismo de marketing

Los incentivos como mecanismo de marketing

Hablamos en el post de motivación de compra del consumidor de los incentivos.

Los incentivos son “Objetos o acontecimientos –general externos al sujeto- que se producen a consecuencia de una conducta y activan o inhiben esa conducta” [1]
Otros autores, como Bandura, consideran que hay autoincentivos, es decir aquellos cambios fisiológicos y psicológicos que cuando ocurren en el sujeto inhiben o activan la conducta.
Se trata de reacciones emocionales de las que los profesionales del marketing tienen conocimiento y utilizan para provocar el comportamiento de compra. De hecho el bienestar psicológico es uno de las espoletas que activa la compra.

El consumidor se basa en expectativas, es decir imagina qué va a ocurrir, qué consecuencias tendrá su acto de compra. Si las imagina positivas compra, si son negativos inhibe el comportamiento.

Hay diversas clasificaciones de los incentivos y les ofrecemos las más conocidad, para que puedan manejarlas.
Hay en primer lugar incentivos innatos (primarios), que suelen estar relacionados con las necesidades fisiológicas y no son aprendidos: “los llevamos de serie” se podría decir. Que tras beber dejaremos de tener sed no se aprende.

Y los hay que necesitan de aprendizaje previo (incentivos secundarios) . Aquí es importante la labor del marketing, que puede utiliza los mecanismos mentales del aprendizaje para crear una expectativa de consecuencia mediante aprendizaje condicionado, vicario o instrumental.

Según la naturaleza de la consecuencia se pueden clasificar en vinculados a necesidades fisiológicas, vinculados a la actividad que nos permite, sociales, monetarios y de estatus y poder.




-Los incentivos fisiológicos se explican por sí solos y se basan en las necesidades primarias del individuo, en que las conductas las satisfagan.

-Los incentivos de actividad se refieren a que la consecuencia de una conducta que no deseamos o es neutra es poder realizar una actividad que queremos hacer.  El conseguir con una oferta algún producto o servicio deseado a cambio de comprar algo que no representa un incentivo importante para nosotros es un ejemplo.

-Incentivos Sociales. Se basan en el juicio social de nuestra conducta. La familia, el grupo al que pertenecemos o el de aspiración consideran acertadas o adecuadas determinadas compras y desafortunadas otras. Influir en los que normalizan esas compras es influir en los incentivos sociales del resto de los consumidores que aspiran o ya forman parten de ese grupo.

-Incentivos de estatus o poder se centran en que la actividad ofrece esa recompensa. Las compra de productos Premium, el consumo conspicuo, es un claro ejemplo.

También hay incentivos para realizar una conducta (que podríamos definir como premios) y para inhibirla (castigos). El hacer esperar eternamente a los clientes que abrasan al departamento postventa sin ser rentables es un ejemplo muy repetido en determinadas actividades.

Y finalmente los incentivos pueden ser directos, puesto que afectan al sujeto en su consecuencia o vicarios, observados en el comportamiento de otros. Aquí las redes sociales son fundamentales para utilizar los fans en beneficio de la empresa, al igual que los influencers y los personajes famosos que usan o anuncian un producto o servicio.







[1] Villamarín, F. y Limonero, J. Motivación en Limonero, J. y Casacuberta, D. (Coor.) (2007) Cognición y emoción. Barcelona: FUOC

jueves, 16 de abril de 2015

LA MOTIVACIÓN Y EL COMPORTAMIENTO DE COMPRA

LA  MOTIVACIÓN Y EL COMPORTAMIENTO DE COMPRA

La motivación se puede definir como el conjunto de variables internas y situacionales que regulan la elección de una conducta u otra así como el esfuerzo que ponemos en ellas y la persistencia en el tiempo de esa conducta con la mira de conseguir un objetivo concreto.

Como vemos una sola palabra nos ofrece un catálogo de factores que no se pueden desarrollar en un solo post por lo que algunos de ellos los ampliaremos en otros artículos.

Entra las variables  podemos destacar:

  • ·      Fisiológicas (como los impulsos y el nivel de activación o alerta-arousal- que desarrollaremos en otros artículos)
  • ·      Las cognitivas (como las expectativas, de las que hablé en otro artículo, las atribuciones causales, o las intenciones de meta)
  • ·      Y entre la situaciones están los muy diversos tipos del incentivos que ofrece el entorno.


Debemos tener en cuenta que hay impulsos aprendidos y por tanto el marketing puede actuar sobre ellos y otros naturales, que se pueden provocar con aprendizaje condicionado. Y otro aspecto: el impulso satisfecho es reforzante. Volverá a repetir la conducta si consigue aplacarlo con ella. Es decir volverá a comprar.

Vamos a centrarnos hoy en los factores cognitivos.

Para algunos investigadores, el estudio de la motivación, y más en concreto el de la motivación de compra se base en una concepción mentalista, basada en la necesidad.
Recordamos que necesidad es el estado de carencia, un desequilibrio, los objetivos vitales a satisfacer para eliminar esa molesta sensación de carencia.

Es la famosa pirámide de Maslow:



El motivo sería la estrategia para eliminar el desequilibrio.
El deseo la tensión hacia un objeto concreto.

Atkinson creó la teoría valor-expectativa, en la que esta definición no es tan clara y se puede confundir motivo y necesidad. Pero lo importante en esta teoría es que una expectativa es la consecuencia que prevemos que seguirá a una acción.

En el caso del consumidor es la compra.

La fuerza de la expectativa es la posibilidad que damos de que la acción (comprar) seguirá la consecuencia.
Y el valor del incentivo es nuestro juicio sobre esa consecuencia. Cuanto más positivo sea y más probabilidades haya, la expectativa será mayor y nuestro proceso cognitivo elevará la motivación de compra.

Por tanto, aunque haya factores internos que estudiaremos en otro momento, hablamos de multitud de factores situacionales que afectan a este proceso cognitivo.
Un individuo concreto (con una personalidad y un nivel de activación y un estado de ánimo), vive una situación concreta en la que tiene unos motivos concretos, pero esa situación la procesa desde su experiencia, valores, aprendizaje, cultura, etc. Y con todo ello, da una probabilidad a la consecución del objetivo y un valor a esa meta. Y por tanto tiene mayor o menor motivación para comprar o no.
Además de influir en un estado emocional positivo y alcanzar al potencial cliente con algo relevante para él, lo que aumenta su arousal, es importante que el producto se engarce con su motivo.

Woodruff y Gardiel definieron este estado así: “Percepción de lo que se desea que ocurra en una específica situación de uso en orden a un motivo o meta deseada”.


Este es el objeto de nuestro trabajo, llegar ahí. El resto, en cuanto a la motivación, son herramientas. Y la fundamental es conocer a los clientes los suficientemente bien para saber qué percepción es y asociar nuestro producto con “ese deseo de que ocurra algo en una situación X en orden a una meta deseada Z”.