miércoles, 16 de septiembre de 2015

Los hábitos y el smartphone: nativos y migrantes digitales



Mucho se ha escrito de la relación entre la tecnología y la cultura, los hábitos de vida y la forma de desenvolverse. Es la vieja discusión del huevo y la gallina: ¿Qué fue antes el cambio cultural o el tecnológico?
El Smartphone es hoy un artefacto imprescindible. Por lo que dicen las estadísticas más que la cartera.
De hecho, un estudio de Unysis lo confirma. En caso de pérdida o robo, nos damos cuenta de que nos falta el móvil en 68 minutos. En el caso de la cartera la media sube a 26 horas. Hay aspectos prácticos que influyen en este dato (tardamos más habitualmente en necesitar la cartera) pero sin duda muestra un cambio profundo en nuestros hábitos. Se agudizará porque el Smartphone se dirige a ser un medio de pago también, por lo que puede pasar que no usemos la cartera más que para alcanzar nuestra documentación.

Tanto que nueve de cada diez personas llevan el móvil encima las 24 horas del días, los siete días de la semana, según datos de Morgan Stanley.
Buscamos compartirlo todo. Se ha convertido en algo más importante que vivir ese momento. Se trata de mostrarlo, de generar contenido, de ser “el rey de nuestra red”. Un puñado de RT o likes tiene más valor como recompensa que disfrutar ese instante.
el ejemplo perfecto de esta nueva realidad es el phubbing, el desprecio por teléfono. ¿Cuántas parejas ven ustedes sentadas en el bar, una frente a otra, abstraídas en su móvil y si  hablarse?


 Así ocurren cosas que parecen incomprensibles.  Por ejemplo este dato: uno de cada diez menores de 25 años encuentra razonable utilizar la mensajería instantánea mientras practican sexo. El dato tiene cinco años y corresponde a un estudio de la compañía Retrevo.
Fuera de los datos curiosos, lo que muestra es una gran distancia entre los nativos digitales (menores de 25) y los migrantes (mayores de esa edad) a la hora de tolerar las interrupciones del “on line” en el “off line”.
Ha llegado incluso a convertirse en patología y comparar estar sin el smartphone con un suceso estresante como una mudanza o una separación
Esa diferencia muestra como la conectividad 24-7 es un hecho en los nativos digitales.  Un 16% revisa su móvil antes de poner un pie en el suelo, en la cama, antes de levantarse.
Su deseo de comunicar y conocer de inmediato lo que sus amigos les dicen es mayor y por tanto sus hábitos de consumo de contenidos son distintos, con más urgencia, menos intolerancia a la “invasión” pero más impaciencia: es ahora o nunca.
De ahí la importancia de la segmentación en esta nueva época de la hiperconectividad. El nivel de tolerancia cambia abruptamente con la edad, o lo que es lo mismo, con los hábitos y la cultura de los nativos digitales en relación con los usuarios de más edad, migrantes del analógico.
Una de las características del móvil es que estrictamente personal. Lo que supone para nuestra percepción este aspecto es fundamental en las comunicaciones de marketing. Es “estrictamente privado” (60% ciento de personas casadas no comparte el móvil con su pareja) y –salvo en los más jóvenes- se considera que revisarlo es una muestra de control y desconfianza inadmisible.
De la misma forma, enviar mensajes de marketing requiere reconocer ese aspecto para que no sean percibidos como una invasión de la privacidad.  Y aquí de nuevo es necesario segmentar. Los nativos digitales lo ven tan normal como los que somos ya mayores vemos la publicidad en televisión. Pero son más impacientes y por tanto tienes dos segundos, dos, para captar su atención.