jueves, 3 de septiembre de 2015

La pesadilla de Julieta: estilos de vida e influencia cultural


Estas vacaciones he estado unos días en Italia y he tenido un regalo especial por mi quincuagésimo cumpleaños. Ya hemos contado en otras ocasiones los atajos cognitivos que nos llevan a esa irresistible atención por los números redondos.
Un hotel especial y Aida en la Arena de Verona. Ése era el regalo.
Pero como hasta de vacaciones filtro la realidad con conocimientos profesionales hay varias cosas que me han llamado la atención.
Verona es un paraíso cultural: tiene joyas arquitectónicas, un festival de jazz en un teatro romano y ópera en la Arena, un coliseo impresionante.
Pero la gran atracción de la ciudad es -sin embargo- el balcón de Julieta. Como es un personaje de ficción es claro que nunca existió la “casa de Julieta” ni su balcón, pero no impedía las largas colas.
Todo se debe a una película y al poder de imitación por un lado y a una presión social que nos lleva a mostrarnos en las redes sociales. Parece que el amor romántico (por cierto, también fruto de una influencia cultural puesto que en la India o el África subsahariana la pareja une familias más que a dos personas y tiene un significado distinto) necesita ser aireado en la redes y esa foto del mensaje en la casa de Julieta es obligado.
“Cartas de Julieta” mostraba una supuesta entrega de mensajes de amor en el muro de la presunta casa de Julieta, al estilo de los mensajes en el muro de las lamentaciones de Jerusalén, pero en versión romántica.

Como en la ropa o los complementos, la cultura en la que vivimos y las películas que vemos influyen en nuestras decisiones de compra o en las formas en que nos aplicamos a la vida diaria.
Así que miles de turistas visitan este palacete medieval… Y lo destrozan.


Poco importa que el balcón se construyera en la restauración del siglo XX. Todos dejan su mensaje escrito en los muros de piedra y se sacan el correspondiente selfie para inmortalizar el momento.
Mientras tanto, las representaciones de ópera no alcanzan a llenar las tres cuartas partes de la grada al inicio. Después de la foto y la copa, en el segundo entreacto, ya no se llena ni la mitad del aforo.
Y las iglesias, como la joya de San Zeno, están casi vacías.



Si definimos estilos de vida como la forma en que las personas gastan su tiempo y su dinero, es claro que los visitantes de Verona lo hacen en imitar una película romántica, como si imitar el gesto, imitara los resultados. Es la traslación de comprar un producto que usa una estrella para “sentirse” una estrella.
Y muestra también la influencia cultural.
Por un lado del ideal de lo que es una relación de pareja (Jeremy Osborn realizó un estudio que afirma que las películas románticas perjudican las relaciones amorosas). Crea unas expectativas, un patrón de lo deseable que no se corresponde con la realidad porque cumplen las leyes de la ficción no de la realidad.
Por otro lado muestra la influencia social de la industria del entretenimiento. Crea personas y personajes a imitar, en el vestido, en las compras prescritas y también en los usos sociales y el comportamiento.

Así lo que en muchas culturas es prescrito (mostrar los sentimientos) en la cultura tecnológica del siglo XXI es obligado. Pregonar a los cuatro vientos tus sentimientos con actos simbólicos como los candados en los puentes o el mensaje en los muros.